miércoles, 11 de febrero de 2009

6 milliards des autres

Desde luego, el pueblo francés tiene en las venas el zumo revolucionario: la reforma educativa propuesta por el gobierno ha tenido un eco profundo entre el alumnado… y el profesorado. Básicamente, las condiciones para acceder a un puesto de trabajo fijo o conseguir el título de doctorado han empeorado hasta el punto de que un profesor de secundaria, con su título y su oposición en el bolsillo, posiblemente sea pagado (si tiene la suerte de conseguir un trabajo fijo, cosa que también es muy complicada) solo por 10 meses al año. También han puesto dificultades a aquellos que quieren (queremos) dedicarnos a la investigación, puesto que en el caso de que decidas sacrificar tus mejores años haciendo una tesis doctoral, un tribunal tendrá derecho a valorar si mereces obtener el título (no ya una plaza): y aun el caso de que lo obtengas, y consigas una plaza en alguna universidad, tienes la posibilidad de perder tu empleo en cualquier momento, debido a un sistema de evaluación del profesorado, que no es mas que una forma encubierta de “echo a quien quiero”. Y esto es sólo una pequeña parte…

Pero en fin… hoy París se ha despertado radiante, resplandeciente, teñido del sol y el azul del cielo. Tanto que dan ganas de ir a tocar al Jardín de Luxemburgo ese Negro Cinturón que estuve practicando ayer…on verra… de momento acabo de volver de pasear por los Campos Elíseos, después de una exposición magnífica, “6 milliards des autres”, un recorrido por las inquietudes, miedos, primeros recuerdos, felicidad, tristeza, amores, experiencias, etc. de personas de todo el globo… y es increíble, por que son ellos quienes hablan, en unas grandes carpas situadas dentro del Grand Palais, subtitulados en inglés y francés, respondiendo a preguntas como ¿qué es para ti la felicidad? ¿Qué mensaje le darías a todos los habitantes de la tierra? ¿Qué es lo que te da más miedo en la vida? Escuchar a los supervivientes del genocidio de Ruanda, revivir los amores de tanta gente, escucharles hablar de su educación, su familia… en fin, increíble.

En otro orden de cosas, hoy me he despertado con un obrero sonriente frente a mi ventana… y no quiero decir en el tejado de enfrente: tengo un andamio justo al lado que está afectando seriamente a mi higiene personal, puesto que tengo la ducha al lado de la cama… así que nada de duchas en horario de trabajo.
Y por lo demás… París pinta bien, cada vez mejor este año… el otro día sin ir mas lejos, por extraordinarias circunstancias me encontré bebiéndome una Desperados bajo los puentes del Sena, desde dónde podíamos ver Notre Dame, a ritmo de música árabe interpretada al violín y la voz de Darinne, que nos acercaba las canciones tradicionales… cada día me encuentro haciendo cosas que no había planificado para nada (cosa bastante inusual en mí) lo cual solo contribuye a aumentar mi sensación de dejarme llevar por este maravilloso río… mi vida está tomando un rumbo interesante tras varios meses de soledad y monotonía. Muchos ya estais al corriente de que mi estado emocional ya puede denominarse “estable”; tras varios meses de caer en picado el piloto automático se ha encendido y ahora floto…. Cada vez más alto… o quizás simplemente me recuesto, como Alfonsina, arrullada en el canto de las caracolas marinas, borrado ya el sendero que llega hasta el agua profunda, hasta la espuma, como en la fantástica canción de Pasión Vega.
De momento sigo con la canción que canta en el fondo oscuro del mar, la caracola, buscando poemas nuevos en esa voz antigua de viento y de sal… y me voy hacia allá como en sueños… Dormida como Alfonsina....

lunes, 5 de enero de 2009

2009

“No se trataba de la antigua serenidad, el ánimo pensativo que es el recogimiento. Era una meditación intranquila, una insatisfacción latente. Y aunque desaparecía de sus ojos cuando yo la llamaba o le contestaba, a furia parecía acumularse muy cerca de la superficie.
-Oh, tu sabes cómo me gustaría-le contesté persistiendo en el mito de mi propia voluntad-alguna buhardilla cerca de la Sorbona, lo bastante cerca del alboroto de rue St. Michel, lo suficientemente distante”
Mientras escuchaba “Leaving for Paris” de Rufus Wainwright (una vez más, gracias Maya) en el autobús que habría de llevarme desde el aeropuerto de Lilly hasta la capital de Francia, estas palabras salieron de la boca de un viejo conocido (que como muchos sabeis, por que os doy el coñazo, es uno de mis personajes favoritos de la literatura vampiresca, después de mi querido Marius) y me ayudaron a entender porqué elegí esta ciudad como Destino. Las leyes de la causalidad, esas caprichosas damas que rigen mi multiverso particular, habían dispuesto no obstante más sorpresas para mi vuelta.
Pero empecemos por el principio: después de una despedida un tanto tormentosa de la ciudad de la luz el 20 de diciembre (por una serie de caóticas circunstancias, casi pierdo el avión), y unas navidades en mi tierra natal, durante las cuales he experimentado la paz más absoluta, imbuida en las montañas, la nieve, el cielo radiante, mi maravillosa familia, y ese ser de bondad sobrenatural y ternura infinita que es Canela, hoy me ha despertado la voz de mi madre a las ocho de la mañana, y yo me he sorprendido sin querer abandonar mi cómodo y grueso colchón nuevo.
No voy a contaros mi viaje desde Soria hasta París, por que ahora que estoy cómodamente refugiada en mi madriguera, me canso solo de recordarlo. Además, un par de simpáticas compañeras de viaje me han amenizado el vuelo, que en lugar de aterrizar a 80 km. de París (en el aeropuerto de Beauvais) como estaba previsto, nos ha dejado en la ciudad que antes os he mencionado, a 230 km. aproximadamente. Eso significa que, aunque Ryanair se ha enrollado esta vez, y nos ha colocado un bus gratuito desde este aeropuerto hasta París, nos hemos comido dos horas y pico de bus. Mi humor descendía peligrosamente hasta el punto de no-retorno.
En estas estamos, que cuando cojo el RER, una voz detrás de mí grita mi nombre: sin poder creerlo me encuentro con Francesco (cuyo avión, sin embargo, había aterrizado correctamente en Beauvais, y a la hora prevista, y que se encontraba allí tan sólo por que se había equivocado de tren). Esto consiguió que mi estado de ánimo se mantuviese milagrosamente en “cansado-cercano-al-enfado” (como en aquella canción de Javat y Kamel)
A la salida, la fontaine de Saint Michel me recibió con el Boulevard congelado, y muy pocas personas por la calle. Apenas un vistazo fugaz al Panteón, y una cuchilla de brisa helada se coló por mi cuello y me convenció de no querer volver a hacerlo.
Mi ascensor sigue roto, así que he subido los siete pisos con la maleta, para encontrarme en el felpudo de mi buhardilla, nada más llegar, una postal de mis queridas niñas Oihane, Patri, Sara e Inés felicitándome por navidad (lo cual ha elevado mi humor de nuevo, hasta el nivel “Estoy-dispuesta-a-hacerme-un-té”).
Y por último, mientras escribo estas palabras tumbada en mi cama, de entre mis cuarentaypico gigas de música, mi querido ordenador ha elegido reproducir La vie en rose (versión de Andre Rieu), y acercándome a la ventana, me he dado cuenta de que la torre ha cambiado de color: ahora está amarilla. Y aunque el azul siempre es más bonito, no he podido evitar pensar en su frialdad, frente a la calidez del amarillo que esta vez me ha recibido.
Y además, ¿Quién sabe? Quizás ya ha pasado la parte más difícil, y ahora comienzo a subir por el segundo brazo de la “U” del ErasmUs, después de haber descendido hasta lo más profundo de esta ciudad. Quizás ahora toque volar, elevarse de nuevo y tocar con los dedos el cielo rojo oscuro. Y esta vez, no me falta ni el ánimo, ni la buena compañía.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Los tejados

Ahora mismo, llueve en París. Es una lluvia finita, que se va acumulando en los tejados hasta caer goteando. Desde mi ventana, lo alto de la torre de Montparnasse apenas se distingue entre la niebla, y todo París está sumido en una quietud sobrenatural, que intento acallar subiendo el volumen de la música. Ni siquiera se escuchan los coches aquí arriba (el tráfico es mucho menos denso que en Madrid), y tengo la sensación de estar en lo alto de un enorme árbol de hormigón, en medio de un bosque gris que se extiende hasta donde alcanza mi vista, silencioso y gorgoteante, pero con esa sensación implícita a todos los bosques del mundo de estar rebosante de vida, escondida aquí y allá, por muy tranquilos que parezcan los tejados grises azulados, aunque tan solo dos o tres chimeneas (esas chimeneas tubulares de cerámica) humeen a lo lejos, y la luz no se aprecie todavía en las cientos ventanas que pueblan las buhardillas curvas.
Efectivamente, aquí la vida bulle y desaparece con la misma facilidad que lo haría en una jungla, y provocando exactamente el mismo efecto en sus habitantes, es decir, ninguno. Nada parece alterarse, y todo sigue igual, la ciudad entre la niebla gorgotea exactamente igual que la semana pasada
Monsieur Auzias, aquel que os presenté en una de mis primeras entradas en el blog, me anunció hace apenas tres semanas que posiblemente tuviera que hacerse ingresar por unos dolores abdominales que se habían revelado como un cáncer de estómago. Y hace tres días, mientras subía las escaleras de mi casa, me encontré a la portera que me anunció, con voz queda: “Il est mort.”.
El viernes iremos al mismo cementerio que os pongo en mi última entrada, Père-la-Chaise, para realizar un pequeño homenaje, en el que escucharemos una canción que él mismo grabó con su guitarra antes de morir.
Y esto es todo hoy… la verdad es que no tengo ganas de escribir más, aunque han pasado muchas cosas. Otro día os las cuento. De momento, hoy le dedico por segunda y última vez el blog a Monsieur Auzias, la primera persona que conocí al llegar a París.

jueves, 30 de octubre de 2008

El Cementerio de Père-Lachaise

El otro día, Daniele y yo fuimos a visitar el cementerio más grande de París: Père-Lachaise. Al llegar a la entrada un francés muy simpático nos preguntó si queríamos un plano… sonriendo dijimos que no, y subimos la escalera riéndonos de la ocurrencia. Hasta que tuvimos que volver a bajar a por el plano, por que el cementerio es tan grande que pueden circular los coches por él, tiene calles con nombres y números, y varios itinerarios marcados para que puedas visitar en un día todas las grandes celebridades que allí descansan. Y por supuesto, sin el plano es imposible orientarse, por que son 43 hectáreas de celebridades.
Hacía un día precioso, así que paseamos tranquilamente de tumba en tumba… las hay que son tan sólo grandes losas de mármol con letras doradas encima, pero son las menos. Principalmente son grandes sepulcros, muchas veces con esculturas increíbles encima, o bien capillas con cristales de colores, puertas desvencijadas y estrellas de David u otros símbolos grabados en la piedra junto con el nombre de la familia. Hay tumbas de todos los tamaños y formas, formando un laberinto increíble que, bañado por el sol de media tarde, se convierte en un paseo digno de las novelas de Anne Rice: si yo fuese Lestat también me retiraría unos cuantos años a descansar en un cementerio como este. De hecho, creo que no he sido a la única a la que se le ha ocurrido la idea, por que se rumorea que durante años este cementerio (al igual que las catacumbas, el auténtico reino de la muerte aquí en París) ha sido escenario de las perversiones más oscuras, misas negras, etc.
Dejando de lado la noche, y volviendo a la luminosidad que esa tarde inundaba el cementerio, teneis que saber que Père-Lachaise es más que un cementerio: hay auténticos jardines sembrados de tumbas, flores, cipreses… y una torre blanca que se yergue como el cuerno de un unicornio en el centro de la parte más alta. También hay varios monumentos como por ejemplo los erigidos a los muertos de varios campos de concentración nazis, o el de los españoles muertos por la libertad.
Entre las tumbas famosas que podemos encontrar están la de Edith Piaf, la de Oscar Wilde (tatuada con cientos de lunares, que al acercarse se transforman en… labios rojos, de los besos que le dan las parisinas a la tumba), la de Chopin (aunque su corazón está en Varsovia), o la que varios jovencitos que nos cruzamos, guitarra a la espalda, iban a visitar, la tumba de Jim Morrison.
Como curiosidad para Sara añado que encontré la tumba de un personaje que le interesaría y me hice una foto con ella para probarlo: un pedrolo negro tremendo con letras doradas en el que sólo ponía “Sauron”.
Esto es todo: solo deciros que si un día os animais a venir y dar un paseo vengais pronto, por que sobre las seis y media el cementerio cierra sus puertas… y comienza el reinado de los no muertos mmwwahahahahahaha… (Disculpad la risa malévola, he creido que tanto el tema como el final eran apropiados para Halloween)
PD- Por cierto, os invito a que os paseis por el Blog de Juanpi, DegeneraciónX (el enlace está más arriba) para que leais lo que pasó el otro día en el partido del Estu...)

jueves, 16 de octubre de 2008

21 en París

Ya iba siendo hora de actualizar…desde la última vez han pasado muchas cosas. Veamos… Para empezar, la semana pasada unos cuantos nos fuimos a tocar la guitarra nueva de Francesco (mi profe particular de guitarra y de italiano) al Pont des Arts…este puente peatonal sobre el Sena es la alternativa a dejarnos el dinero en bares, y siempre está lleno de gente tocando, bebiendo, o simplemente viendo París de noche, iluminada siempre en colores cálidos que contrastan con el negro azulado de los tejados: de noche la ciudad se viste de luz como si fuese a ir a una fiesta. Poco a poco entre “Michelle” y “Wonderwall” los demás fueron llegando. Y la gente del puente se nos iba uniendo: de repente un violinista que pasaba por allí comenzó a improvisar junto a Francesco en la canción de “Stand by me”… y los miembros de un grupo que volvían de ensayar comenzaron a secundarle. Cuando nos dimos cuenta estabamos todos como locos bailando “La Bamba” mezclada con “Twist and Shout” con gente que pasaba por allí y que quería bailar con nosotros… escuchar “Comandante Che Guevara” cantada por franceses e italianos que no entienden lo que significa la letra y acompañada de djembé, violin y cuatro o cinco guitarras es una experiencia inolvidable.
Y poco a poco, con el tiempo, me voy haciendo cada vez más a esta ciudad: cuando me preguntan por la calle ya entiendo y soy capaz de dar indicaciones, aunque tengo días muy espesos…
Además, para acabar de encajar aquí, el lunes pasado (como muchos sabeis) fue mi cumpleaños, y pasé a la cifra mágica de 21, lo cual no me hizo ni puñetera gracia, pero la otra posibilidad me gustaba todavía menos así que accedí a pasar por el aro. De repente, en medio de un bar de Bastille un montón de gente comenzó a cantarme el cumpleaños feliz en francés, inglés, alemán… mientras los italianos me deseaban “auguri”. Al día siguiente amaneció soleado y caluroso…Y el regalo de cumpleaños que me he hecho ha sido ir al cine a ver durante tres días seguidos (una para cada parte de la trilogía) esa fantástica película que tantos me habíais recomendado y yo no encontraba el momento para ver: El Padrino, trilogía completa, en versión original (inglés-italiano-siciliano) subtitulada en francés, y rodeada de italianos (y Gaetano, un siciliano auténtico).
Al día siguiente, el cumpleaños de mi padre, una carta desde España me trajo el olor a lavanda del patio de mi casa y las letras de mis padres y hermanos. Y cuando por fin pude conectarme al tuenti, facebook, correo electrónico y demás elementos de mi Ka virtual, me esperaban medio centenar de felicitaciones con todo vuestro cariño. Quiero a todos, y en especial a mi familia, todo lo que me apoyais desde allí… no sabeis cuanto significa tener siempre un correo que contestar, una noticia nueva, o simplemente un guiño que venga de mi tierra. Gracias, gracias, gracias mil a todos. Hay días en los que me devolveis la sonrisa a la cara.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Noche Blanca

Este fin de semana ha sido en París la Nuit Blanche, es decir, que todos los parisinos (y los que no lo somos) pasamos la noche del sábado dando vueltas por París, viendo todo lo visible, aunque la verdad es que me fui prontito por que estaba un poco enferma, pero ya se me ha ido pasando. El domingo, por ser el primero del mes, abren algunos museos de forma gratuita, y Amaranta (una amiga italiana) y yo decidimos ir al museo de Orsay: así que me invitó a comer pasta en su casa (pasta de verdad, riquísima!) y luego nos fuimos al museo, donde empezaron a aparecer el resto de nuestros amigos que se apuntaban al plan… lo malo fue que según la costumbre italiana llegaron tardísimo. Por suerte existe otra costumbre italiana que pone remedio a la primera, y es saltarte las colas. Así que tras casi una hora de cola unos, y cinco minutos otros, entramos al museo, que es… completamente mágico. Los que ya lo hayais visitado lo entendereis: las esculturas del patio central, y las pinturas impresionistas hacen un conjunto perfecto. Aproveché para hacer un montón de fotos, pues es uno de los museos más bonitos que he visitado en mi vida.
Después, para rematar el fin de semana cultural, fuimos a un cine cerca de la Place de la Sorbonne, que hacen descuentos a los estudiantes y reposiciones de películas de Woody Allen y François Truffaut, entre otros. Así que vimos “Jim et Jules”… que os recomiendo encarecidamente. Por hoy esto es todo... me ha quedado un poco escueto pero es que los mocos que llenan mi cabeza no dejan circular fluidamente las ideas. Besos...

viernes, 3 de octubre de 2008

La primera raíz...

Hoy, 3 de Octubre, hace un mes que estoy en París.
Y precisamente hoy he empezado a sentir “eso”, seguro que todos los que habeis vivido conmigo en el Cova o el Teresa lo entendeis: esa sensación de que no estás en casa, pero casi. Recuerdo perfectamente el momento en el que sentí eso por primera vez en Madrid: estaba acarreando mi maleta verde por las escaleras del Teresa, hasta el segundo piso, dónde vivía en la habitación 210. No me había quedado ni un solo fin de semana desde que empezó la universidad (estoy hablando de finales de noviembre), y no tenía amigos en la ciudad: no conocía a Juanpi ni, por lo tanto a ninguno de los argandeños que tanto me marcarían meses después. No aguantaba a las veteranas del colegio, apenas hablaba con mi compañera de habitación, y en clase no conocía mucha gente. Pero ya habían empezado mis conversaciones con María José, conocía un poco a Sara (aunque pensaba que era una especie de duende raro y pequeño que siempre llevaba un jersey del Señor de los Anillos, y me saludaba asomando la nariz por encima del libro que estaba leyendo acurrucada en la esquina de la cama), e Inés ya había subido a mi cuarto con sus altavoces a escuchar Marea y Extremoduro. Yo estaba triste, como siempre me ponía triste cuando hacía el recorrido Avenida de América-Ciudad Universitaria. La ciudad se apagaba lentamente con el invierno, cada domingo hacía más frío a la vuelta, pero no era el frío de Soria, que te atraviesa como cuchillos limpios y relucientes, un frío que curiosamente he llegado a asociar con la idea de “hogar”, sino una masa sucia y pegajosa de frío blandengue, que es imposible tomarse en serio. Y mi maleta cada vez venía más cargada de Soria, al tiempo que asumía lentamente que mi vida ya no estaba allí.
Y fue entonces, precisamente entonces, en las escaleras del segundo piso, tirando de la maleta, cuando vislumbré la puerta de mi habitación. Me llegaba el barullo de la gente de abajo que se disponía a cenar, por que eran las nueve. Y entonces sentí eso, una especie de “ya estoy en casa” en el estómago, por mucho que mi cabeza supiera que no lo estaba.
Y a partir de ahí, llegó todo lo demás, las maravillas que ya conoceis y que vivimos juntos.
Hoy, en mi camino a clase, el frío glacial y húmedo de París (diferente también) me ha sorprendido en frente de los cristales de una librería de la Rue Soufflot, y me he visto a mi misma con la carpeta y el abrigo, andando rodeada de estudiantes que se disponían a ir a clase, como yo. Y de repente he sentido eso mismo… y mirando el Panteón me he dado cuenta de que lo he mirado tantas veces que ya es algo mío.
Y lo mismo ocurre con la buhardilla: cuando llego enciendo el ordena, me preparo un matesito y me pongo música… y ya estoy en casa otra vez.
Aun así, no puedo algunas veces repasar todas las fotos y los vídeos de las fiestas que hemos hecho, y acordarme de todo lo que tengo en España… ¡cuantas raíces para un matojo tan pequeño!